El Fin de la Resistencia
Daniel Omar Cignacco
© 2026 | Diseño editorial: Daniel Omar Cignacco
Unidad Original
No hay dos redes iguales
en el mundo de las formas.
Sin embargo,
cada tejido
es una manifestación de la Fuente:
es el origen que nos nutre y,
al mismo tiempo,
el apego que nos atrapa.
Somos, a la vez,
el creador de la red
y el que queda enredado en ella.
La Ilusión del Control
Riego una idea ajena
creyéndola propia.
La mente,
en su inercia,
derrama energía
sobre lo que asfixia lo esencial.
Creemos
que el destino es algo externo
que debemos torcer,
olvidando que el observador
y lo observado
son uno solo.
La maleza
crece sola
porque no hemos despertado
del sueño de la separación.
La Casa de la Consciencia
Entraste al templo sagrado
cargando con las sombras
del mundo exterior.
No comprendiste
que el odio
no queda en el mueble,
sino en la percepción que lo sostiene.
Mi casa está enferma
porque mi mirada
se ha contagiado de tu desilusión.
Pero incluso en este malestar,
la Consciencia
prefiere la forma del dolor
antes que el vacío de la ausencia,
hasta que comprenda
que nada puede perderse realmente.
El Despertar del Cuerpo
Muevo los dedos
buscando el silencio de la mente,
ese trance donde el "yo" se disuelve
y solo queda el Ser.
Intento desenredar
los nudos del pasado,
esos juicios que mezclan
mi dolor
con el tuyo
hasta perder la frontera
de la Divinidad.
Los sueños
no cambian ni se incumplen;
simplemente se transforman
cuando dejamos de necesitarlos
para sentirnos completos.
La Realidad no es un Problema
Busco estructuras
en la cima de la montaña,
olvidando que el vértigo
es solo el miedo
del ego a la libertad.
Las cosas cambian
porque la vida es flujo constante.
Pero ahora comprendo:
La vida no es algo a resolver.
Es un campo de potencialidad pura
donde alguien —la Consciencia—
siempre espera,
porque siempre
ha estado allí.
El Observador y el Tren
Estamos sentados,
pero el movimiento
es una ilusión del pensamiento.
El tren que va
y el que vuelve
son la misma energía
en distintos sentidos,
un cruce de siete segundos
que solo confunde
a quien se cree separado del paisaje.
El escalofrío no es el aire,
es el Ser recordándote
que ese pensamiento intrusivo
no tiene entidad real.
Solo existe
el Ahora,
sin "acá"
ni "allá".
La Multitud de Sombras
Busco entre versiones
de un "yo" que nunca existió.
Creer que puedo fallar
es el último refugio del ego.
El código que construimos
muta porque la forma es efímera,
pero la tierra firme
no es el suelo que pisas,
sino la Consciencia
en la que descansas
cuando finalmente
te olvidas de ti mismo.
El Altar del Corazón
Llevo las fotos de los míos
como si fueran fragmentos
de lo Divino.
No necesito rezarles
para que me salven,
pues su existencia
ya es la prueba de la Unidad.
Dejar de creer en ellos
es solo una nube que tapa el sol;
el sol siempre está,
incluso
cuando el bolsillo parece vacío.
La Herida Sagrada
El poeta
dice que es mejor que el corazón se rompa.
Yo pregunto por qué,
cargando aún
el peso
del recuerdo de mis hermanos.
Ahora entiendo:
el corazón se rompe
para que la luz del Ser
pueda entrar a través de las grietas.
La indiferencia del mundo es,
en realidad,
la paz imperturbable del Espíritu
que no juzga el dolor,
sino que lo abraza.
El Fin del Esfuerzo
Dejo de correr
porque comprendo que no hay meta.
El cansancio es el grito
de quien intentó forzar
el flujo de la vida.
Miro el atardecer
y ya no hay kilómetros,
solo el aire que entra y sale,
conectándome con lo Infinito
antes de que la noche me enseñe
que la oscuridad
también es luz en reposo.
La Patria Interna
Llaman patria
a lo que tienen amordazado
en el juicio y el miedo.
La verdadera libertad
no está en la bandera que se iza,
sino en soltar el grito ahogado de la mente.
No reces ni aplaudas
por una idea; simplemente
abre la puerta del placard
y descubre que no hay nadie
allí que deba ser rescatado,
porque nunca estuviste preso
de nada más
que de tus propias definiciones.
El Trance de la Presencia
Muevo las manos
para entrar en el trance de la Unidad.
Busco a Dios
y comprendo que Dios
es la mano que se mueve,
el dedo que juega
y el ahogo que se disuelve.
Los sueños
cambian
porque el flujo de la Totalidad
no puede ser contenido
por un deseo individual.
Al soltar el "resultado",
el cuerpo finalmente
descansa
en su estado natural de Gracia.
El Sonido del Vacío
Me dices
que el silencio te aturde,
pero lo que te asusta
es la ausencia
de tu propio ruido mental.
Buscas palabras
para llenar un hueco que no existe,
porque el vacío es,
en realidad,
plenitud esperando ser reconocida.
No hay nada que decir
cuando comprendes que el mensaje
es el Mensajero.
La Geometría del Ser
Dibujas límites
en el mapa de tu piel
y los llamas "identidad".
Pero el cuerpo
es solo una vasija temporal.
La verdadera forma
es la que no tiene bordes;
es el espacio
que sostiene la vasija.
Deja de intentar
encajar en el mundo
y permite que el mundo
sea contenido
en tu propia inmensidad.
El Espejo de las Aguas
Miras el reflejo en el río
y temes que la corriente
se lleve quién eres.
Pero tú no eres el reflejo,
ni siquiera eres el agua.
Eres la mirada imperturbable
que observa el fluir.
No hay pérdida posible
en el flujo de la vida,
solo transformación de la energía
que siempre regresa a casa.
Desaprendizaje
Pasaste años construyendo
un altar a tus certezas.
Ahora,
la vida te pide que lo derrumbes.
No es un acto de destrucción,
sino de liberación.
Al soltar lo que "sabes",
permites que la Sabiduría
—esa que no requiere libros ni memoria—
emerja desde el centro de tu pecho
como rayo de esperanza.
La Ilusión de la Espera
Esperas un tren,
un amor,
una señal.
Pero la espera es la negación del Presente.
Crees que algo "allá afuera"
completará
lo que sientes que falta "aquí adentro".
Despierta:
no hay distancia entre tú
y lo que buscas.
La búsqueda termina
cuando el buscador
se disuelve en el hallazgo.
El Lenguaje del Silencio
El lenguaje es una cárcel de conceptos.
"Amor", "dolor", "piedad"...
son etiquetas sobre un misterio
que no se puede nombrar.
Quédate en el silencio
absoluto de un instante,
allí donde las palabras mueren
y la Verdad respira
sin necesidad
de ser explicada.
El Sueño del Tiempo
Cuentas los días
como si fueran monedas que se agotan.
El tiempo es solo
la medida de tu resistencia al Ahora.
Si logras habitar este latido
sin proyectarte al siguiente,
descubrirás que eres eterno.
No hay pasado que perdonar
ni futuro que asegurar;
solo existe
la Gracia de este encuentro.
La Rendición Final
Rendirse no es perder una batalla,
es dejar de luchar contra la Realidad.
Cuando dejas de empujar el río,
el río te lleva exactamente
a donde necesitas estar.
La vida se vuelve liviana
cuando comprendes
que no eres tú quien la vive,
sino que la Vida se vive
a través de ti.
La Vida es Presencia
Llegamos al final
de este poemario comprendiendo
que nada había que arreglar.
La vida no es un problema de lógica,
es un misterio de amor.
Al cerrar este libro,
quédate con la Presencia
que queda cuando las palabras se detienen.
Eso es lo único real.

