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Mostrando entradas de enero, 2026

La eternidad de un día

El reloj marcó las 00:00 y el mundo exhaló un suspiro de estática. Elías se despertó con el mismo rayo de sol hiriéndole el ojo izquierdo. Sabía que, a las 8:15, se le caería la tostada; a las 10:30, el jefe volvería a despedirlo con la misma corbata de rayas; y a las 19:00, vería a Clara cruzar la calle bajo la lluvia de siempre. En este mundo de veinticuatro horas perpetuas, la humanidad se dividía en dos: los que se desesperaban ante la repetición y los que, como él, habían aprendido a ser maestros del instante. Esa tarde, Elías no llevó paraguas. Esperó en la esquina exacta. Cuando Clara pasó, no se limitó a mirarla con nostalgia. En el segundo 40 de las 19:02, le dijo las palabras que había perfeccionado durante tres mil "martes": — No me conoces, pero en cinco minutos un coche salpicará tu vestido y yo te ofreceré mi campera. ¿Y si nos saltamos esa parte y vamos directo al café? Clara se detuvo. El guion de la realidad vibró, amenazando con romperse. Ella sonrió, u...