Versalles: historia de un barrio porteño
De las quintas y los montes de duraznos a la memoria del barrio
Antes de convertirse en uno de los barrios residenciales de la ciudad de Buenos Aires, Versalles fue un territorio de quintas, árboles frutales, caminos de tierra y grandes propiedades. Su historia comienza mucho antes de que aparecieran sus calles actuales y puede reconstruirse siguiendo las transformaciones que, durante más de un siglo, modificaron lentamente el paisaje.
La historia de Versalles puede dividirse en diferentes etapas. Cada una dejó una huella particular: primero fueron las antiguas propiedades rurales; después llegó el ferrocarril y con él los loteos y los primeros habitantes; finalmente, el barrio adquirió la fisonomía residencial que todavía conserva.
1. Antes de Versalles: las tierras de 1875
En 1875 el territorio que actualmente conocemos como Versalles tenía un aspecto muy diferente. No existía todavía el barrio, tampoco sus calles, sus plazas ni su estación ferroviaria.
La zona formaba parte de un paisaje rural relacionado históricamente con Monte Castro. Grandes extensiones de tierra se encontraban ocupadas por quintas y propiedades que todavía conservaban una relación directa con el campo.
Entre las propiedades que se registraban en aquella época se encontraban la Casa de Ejercicios de las Hermanas, la propiedad de Boneo y la de Visillac de Rodríguez.
Uno de los rasgos más característicos del paisaje era la presencia de un monte de duraznos. Los árboles frutales formaban parte de un territorio en el que la naturaleza todavía tenía una presencia dominante.
Resulta difícil imaginar que esas tierras, donde alguna vez crecieron árboles y se extendieron propiedades rurales, terminarían formando parte de una de las zonas residenciales de Buenos Aires.
Sin embargo, debajo de las calles actuales permanece aquella primera geografía: la de los caminos rurales, las quintas y los terrenos abiertos.
2. El nacimiento del barrio
El comienzo de la transformación definitiva se produjo a principios del siglo XX. En 1908, la Compañía de Tierras del Oeste adquirió una importante extensión de terrenos y comenzó a impulsar su urbanización.
La operación estaba vinculada con un fenómeno que cambiaría para siempre la geografía de Buenos Aires: la expansión del ferrocarril y el crecimiento de los barrios alejados del centro.
Las antiguas tierras rurales comenzaron a dividirse en lotes. Allí donde antes había quintas comenzaron a aparecer calles, terrenos destinados a viviendas y nuevos espacios urbanos.
El nombre Versalles fue elegido por iniciativa del doctor José Guerrico, médico relacionado con la compañía. Según la tradición, el nombre surgió después de una visita a Francia y de su impresión ante el célebre palacio de Versalles.
El nombre podía parecer ambicioso para aquellas tierras todavía en transformación, pero terminó convirtiéndose en una de las denominaciones más singulares de la geografía porteña.
El barrio comenzaba a abandonar definitivamente su pasado rural.
3. 1911: llega el ferrocarril
El acontecimiento decisivo para el crecimiento de Versalles fue la llegada del ferrocarril.
En 1911 fue inaugurada la estación de Versalles, perteneciente al ramal del Ferrocarril del Oeste que comunicaba la zona con Villa Luro. Desde allí era posible conectar con el sistema ferroviario que conducía hacia el centro de Buenos Aires.
El tren modificó radicalmente la vida del lugar.
La distancia dejó de medirse únicamente en términos de caminos y caballos. Una zona que hasta pocos años antes tenía características rurales comenzó a integrarse de manera mucho más directa con la ciudad.
Alrededor del ferrocarril aparecieron nuevas viviendas y comenzaron a instalarse familias que encontraban en Versalles una alternativa residencial alejada del centro.
El barrio y el ferrocarril crecieron prácticamente juntos.
Durante las primeras décadas del siglo XX, el sonido del tren formó parte del paisaje cotidiano de Versalles. Los horarios ferroviarios comenzaron a organizar también una parte de la vida de sus habitantes.
Durante muchos años, para los habitantes de Versalles, el tren no fue solamente un medio de transporte. Fue también una forma de medir el tiempo.
4. 1923: la electrificación
La transformación continuó durante las décadas siguientes.
En 1923 el servicio ferroviario fue electrificado, incorporando a Versalles a una etapa tecnológica diferente.
La electrificación representó algo más que una mejora del transporte. Era también una señal del proceso de modernización que atravesaba Buenos Aires.
Mientras el centro de la ciudad se transformaba aceleradamente, los barrios periféricos comenzaban a integrarse de manera cada vez más estrecha a la estructura urbana.
Versalles conservó, sin embargo, una característica que terminaría definiendo su identidad: su carácter residencial y tranquilo.
Las casas bajas, los jardines y las calles arboladas fueron configurando lentamente una fisonomía propia.
La ciudad avanzaba sobre las antiguas tierras rurales, pero el barrio parecía conservar algo de aquella antigua relación con el espacio abierto.
5. 1930-1950: la consolidación del barrio
Durante las décadas de 1930 y 1940 Versalles terminó de adquirir buena parte de la personalidad urbana que todavía reconocemos.
La llegada de nuevos habitantes impulsó la construcción de viviendas y el desarrollo de comercios y servicios. Las antiguas tierras fueron desapareciendo bajo una trama urbana cada vez más definida.
La arquitectura residencial comenzó a convertirse en uno de los rasgos distintivos del barrio. Las casas bajas, los jardines y las veredas contribuyeron a crear una atmósfera diferente de la de los sectores más densamente poblados de Buenos Aires.
También tuvo importancia la influencia de inmigrantes vinculados al ferrocarril, especialmente en determinadas expresiones arquitectónicas y en la formación de la identidad social del barrio.
Versalles comenzaba a ser reconocido por aquello que todavía hoy constituye una de sus características fundamentales: la tranquilidad.
Pero el ferrocarril seguía siendo el corazón invisible de esa tranquilidad.
Los trenes entraban y salían de la estación mientras alrededor de ella crecía una comunidad que ya no tenía aspecto de colonia rural.
6. 1952-1964: el final del tren
La historia ferroviaria de Versalles tuvo un final que modificó profundamente la memoria del barrio.
En 1952 circuló el último tren por el ramal.
Con su desaparición comenzó una nueva etapa. El ferrocarril, que había sido uno de los principales motores del nacimiento y crecimiento de Versalles, dejó de formar parte de la vida cotidiana.
La estación permaneció todavía durante algunos años como una presencia física de aquel pasado.
Finalmente, en 1964, fue demolida.
La desaparición de la estación produjo algo más profundo que la pérdida de un edificio: significó la desaparición de una parte visible de la historia del barrio.
Sin embargo, el espacio ferroviario no desapareció completamente.
Con el paso del tiempo, parte de aquellos terrenos fueron transformados en el actual Paseo de Versalles.
Así, el lugar donde alguna vez llegaron trenes terminó convertido en un espacio para caminar, encontrarse y recordar.
La estación ya no existe, pero su ausencia forma parte de la identidad del barrio.
Un barrio construido sobre su propia memoria
La historia de Versalles puede leerse entonces como una sucesión de transformaciones. Primero fueron las tierras rurales y los montes de duraznos. Después llegaron los loteos, las calles y las primeras viviendas. Luego apareció el ferrocarril, que conectó el nuevo barrio con el resto de Buenos Aires.
Durante décadas, el tren acompañó el crecimiento de la comunidad. Finalmente, desapareció y dejó detrás de sí un espacio que con el tiempo adquirió nuevos usos.
Pero la historia de Versalles no terminó con la desaparición del ferrocarril.
El barrio continuó transformándose mientras conservaba algo difícil de definir: una relación particular con el tiempo.
Quizás por eso Versalles puede entenderse como un lugar construido sobre distintas capas de memoria. Bajo las calles actuales todavía puede imaginarse el antiguo paisaje rural; bajo las viviendas permanece la trama de los primeros loteos; y en el Paseo de Versalles sobrevive, aunque transformada, la huella de aquel ferrocarril que alguna vez dio origen al barrio moderno.
Versalles cambió de paisaje, de habitantes y de costumbres.
Pero nunca dejó de vivir sobre su propia historia.
